La
Edad Media, comenzó con la caída del Imperio Romano de Occidente. Tal evento
marcó el fin de la antigüedad y el inicio de un nuevo periodo histórico. Pero
esta transición no sería inmediata, tuvieron que pasar aún varias décadas.
En
esta época hubo invasiones Germánicas que comenzaron en el año 409, con la
llegada de tribus como los suevos y los visigodos. En el año 507 los visigodos
se establecieron en España y la ciudad de Toledo era su capital.
También padecieron con la conquista musulmana
ya que los musulmanes invadieron la Península estableciendo el llamado
Al-Ándalus.
La Reconquista, surgió cuando los reinos
cristianos del norte comenzaron a recuperar territorio conquistado por los
musulmanes.
Y como olvidar las Cruzadas y la llamada
Guerra de los cien años y otras batallas que se libraron en esta época.
La economía se basaba en la agricultura,
la ganadería y la artesanía y el sistema feudal era predominante. Se le llamaba feudalismo porque a la tierra
por aquellos años se la llamaba feudo.
Los campesinos trabajaban la tierra para
producir alimentos y materias primas, de aquí salían todos los productos
primarios necesarios para la vida, mientras que los artesanos creaban objetos
de uso diario como herramientas, textiles y utensilios. Estos trabajaban la tierra a cambio de protección por parte de los señores feudales y le entregaban la mitad de su producción.
Las personas vivían en comunidades
pequeñas, como aldeas o villas, donde todos se conocían y dependían unos de
otros. La vida en comunidad era esencial para la supervivencia, ya que se
compartían tareas y recursos.
La religión era un aspecto fundamental
de la vida cotidiana. La Iglesia Católica tenía un gran poder e influencia en
todos los aspectos de la sociedad, desde la política hasta la vida personal y
el aprendizaje.
Las viviendas eran sencillas y rústicas,
construidas con materiales como madera y barro y los tejados de paja, en la
mayoría de los casos con una sola habitación, donde vivían tanto las personas
como los animales.
La alimentación era básica y dependía de lo
que se producía en la tierra. El pan, los cereales, las legumbres y la carne
eran los alimentos principales.
A pesar de las duras condiciones de
vida, la gente encontraba tiempo para el ocio y las festividades. Las fiestas
religiosas, las ferias y los juegos eran ocasiones para reunirse y celebrar.
Las mujeres tenían un papel secundario
en la sociedad medieval y sus derechos eran limitados. Se dedicaban
principalmente a las tareas domésticas y a la crianza de los hijos. La
universidad estaba cerrada para ellas.
La esperanza de vida era baja debido a
las enfermedades, la falta de higiene y la mala alimentación. La medicina era
rudimentaria y se basaba en creencias supersticiosas. Había pocos médicos y la
mayoría dependían del curandero.
La educación estaba reservada a los
miembros de la nobleza y del clero. La mayoría de la población era analfabeta.
Los oficios y gremios eran una parte
esencial de la vida urbana en la Eda Media. Estos grupos de artesanos
organizados desempeñaban un papel fundamental en la economía y la sociedad de
la época.
Se organizaban en gremios que eran
asociaciones de artesanos que se reunían en torno a un oficio común. Estos
grupos se organizaban para proteger los intereses de sus miembros, establecían
reglas para la producción, fijaban precios y garantizaban la calidad de los
productos. Los maestros artesanos enseñaban sus habilidades a los aprendices y
oficiales, asegurando la continuidad de los oficios. Los gremios brindaban apoyo
a sus miembros en caso de enfermedad, vejez o fallecimiento. También
colaboraban con las autoridades municipales para mantener el orden y la
seguridad en las ciudades.
La variedad de oficios era enorme y
dependía de las necesidades de cada ciudad. Algunos de los oficios más comunes
eran:
En textil, estaban los pañeros,
tejedores, tintoreros y sederos…
En metalurgia, estaban los herreros,
cerrajeros y orfebres…
En la construcción estaban los
albañiles, carpinteros, canteros…
En la alimentación tenían a los
panaderos, carniceros, cerveceros, vinateros…
También existían otros oficios como eran
los zapateros, los curtidores, alfareros…
Los gremios tenían una estructura
jerárquica. Estaban los maestros, que eran los artesanos más experimentados y
los dueños de los talleres. Tenían el control del gremio y tomaban las
decisiones importantes. Luego estaban los oficiales, que eran artesanos cualificados
que trabajaban para los maestros y por último estaban los aprendices, que eran
jóvenes que aprendían el oficio bajo la tutela del maestro.
Para convertirse en maestro, un aprendiz
debía pasar un largo proceso de formación y demostrar su habilidad en un
examen.
Estos gremios garantizaban la calidad de
los productos, pues establecían estándares de calidad que los artesanos debían
cumplir.
Había una gran variedad de monedas,
acuñadas por reinos, ciudades y señores feudales. Cada día tenían un valor
diferente… ¡imaginaros!
Las monedas era de oro, plata y bronce,
las cuales se desgastaban mucho con su uso y a menudo la gente las recortaba
para obtener pequeñas cantidades de metal precioso. Esto hacía que su valor
fluctuara constantemente. Aunque el valor de las monedas estaba ligado al metal
con el que estaban hechas y su peso, también dependía de factores como la
demanda, la inflación y la estabilidad política.
Cada reino tenía su propia moneda, por
ejemplo en Castilla se usaba el maravedí y el real mientras que en Aragón se
usaban el sueldo y el dinar. Debido al comercio con otras regiones y países
también circulaban monedas extranjeras como el ducado Veneciano y el florín de
Florencia.
Aparte del pago con monedas, existía el
trueque, que era una práctica muy común, especialmente en zonas rurales y en
pequeños mercados. Se intercambiaban productos agrícolas, artesanales y
animales.
El regateo era una práctica habitual. El
precio final de un producto se decidía a través de la negociación entre el
comprador y el vendedor.
Con este panorama, de la ausencia de un
sistema monetario unificado y el trueque, hacían que las transacciones
comerciales dependieran en gran medida de la negociación y de la confianza
entra las partes.
Cada
reino comenzó a acuñar su propia moneda, con lo que había una gran variedad de
monedas diferentes.
¿Cómo
hacían para ponerse de acuerdo para saber cuánto valía la moneda de tu reino y
cuanto la de mi reino? pues apareciendo dos figuras como fueron el cambista y
el banquero. El cambista era el que se ocupaba de saber el valor de las monedas
de todos los reinos y de cambiarlas, como ahora sería una casa de cambio. El
banquero se encargaba de registrar operaciones y de depositar y trasferir esas
monedas, con lo que en los viajes de larga distancia, algunos depositaban allí
su dinero, para que en el próximo viaje que realizaran, ya tener ese dinero
depositado y no tener que llevarlo con ellos con el peligro que eso conllevaba
con los asaltantes de caminos.
El desarrollo de la banca y el uso de
letras de cambio permitieron realizar transacciones comerciales a larga
distancia reduciendo los riesgos asociados a llevar el dinero físico. La
mayoría de los préstamos eran informales entre familiares, amigos o vecinos.
Solían basarse en la confianza y no se solían documentarse formalmente.
La Iglesia prohibía la usura (el cobro
de intereses excesivos en los préstamos), pero en los judíos no se aplicaban
estas restricciones, con lo que se convirtieron en prestamistas y banqueros
importantes.
Los préstamos a menudo se aseguraban con
garantías como tierras, cosechas o bienes personales, si no se devolvía el
préstamo, el prestamista tenía derecho a quedarse con la garantía.
La nobleza vivía en Castillos que les
servían tanto de vivienda como de fortaleza.
Los señores feudales eran los dueños de
las tierras.
Estos feudos se los otorgaba el rey a
cambio de lealtad y servicios militares, mediante un contrato de vasallaje,
comenzaban sirviendo al rey o a un noble de alto rango en batallas y campañas
militares.
Una vez convertido en señor feudal,
debía de administrar su feudo, recolectar impuestos y mantener el orden y
proporcionar protección a los habitantes.
Se divertían con la caza y la pesca y
organizando torneos como las justas. En caso de estallar algún conflicto
armado, estaban obligados a ponerse al servicio del rey.
Tenían vasallos que eran nobles de menos
rango mediante también un contrato de vasallaje, que implicaba obligaciones
mutuas entre ambos. En este contrato le prometía ayuda militar (auxilium) y
consejo político (consilium). Esta especie de contrato feudal se comenzó a
poner por escrito y hoy en día aún se conservan algunos de aquellos documentos.
Algunos inventos de esta época fueron el
papel, la pólvora, la imprenta, la brújula y las primeras universidades.
¿Y las catedrales góticas?, con sus
altas torres, sus grandes ventanales y bóvedas. Eran un símbolo del poder de la
Iglesia y de las ciudades, y representaban la aspiración del hombre hacia lo
divino.
Uno de los ejemplos de estas catedrales la
tenemos en la ciudad de León la llamada “Pulcra Leonina” ( la hermosa leonesa)
o la “Catedral de la luz” ya que posee uno de los conjuntos de vidrieras más
grandes y mejor conservados de Europa.
En esta época las personas morían por
diversas causas, como la peste, tuberculosis, diferentes infecciones,
desnutrición, hambruna, y las guerras.
La peste negra, originaria de Asia,
llegó a Europa a mediados del siglo XIV a través de las rutas comerciales. En
España se cree que se introdujo por los puertos del Mediterráneo, como
Barcelona y Valencia, y se propagó rápidamente hacia el interior. Fueron varios
los factores que contribuyeron a su rápida propagación como la falta de
sistemas de alcantarillado y la escasez de agua potable, que favorecían la proliferación de ratas, que
eran las principales portadoras de la enfermedad a través de las pulgas que
transportaban.
La peste negra tuvo consecuencias
devastadoras para la sociedad, se estima que entre un tercio y la mitad de la
población falleció a causa de la peste. Esto provocó una escasez de mano de
obra y una disminución de la producción. Generó mucho miedo, pánico y
desconfianza, lo que llevó a conflictos sociales y religiosos.
A pesar de no comprender del todo la
naturaleza de la peste, la población medieval y las autoridades intentaron
diversas medidas para combatirla. Se establecieron cuarentenas en ciudades y
pueblos afectados, aislando a los enfermos y tratando de evitar la propagación
de la enfermedad. Se practicaban sangrías y purgas para expulsar los tumores
malignos del cuerpo que se creía que causaba la enfermedad. Los enfermos eran
aislados en la medida de lo posible en leproserías.
Muchos eran los que creían que la peste
era un castigo divino, por lo que organizaban procesiones de flagelantes para
pedir perdón y así apaciguar la ira de Dios. También eran muchos los que
portaban amuletos y talismanes para protegerse de la peste.
Pero todas estas medidas no eran
efectivas, pues aún desconocían que la peste era transmitida por pulgas que
vivían en las ratas, las medidas se centraban en tratar los síntomas. A esto
hay que sumarle las pésimas condiciones higiénicas y que no existían
medicamentos eficaces para esta enfermedad.
La Edad Media, un tapiz tejido con hilos
de fe, guerra, arte y ciencia. Un período que, a pesar de sus luces y sombras,
dejó una huella indeleble en la historia de la humanidad. Sus castillos, sus
leyendas y sus ideales, siguen inspirando siglos después.